Sobre esta misma incógnita es sobre la que trata la leyenda del hilo rojo, una creencia con origen en Asia Oriental que asegura que si dos o tres personas están destinadas a tener un lazo afectivo, éstas estarán unidas por un hilo rojo que les acompañará desde que nazcan y que perdurara durante sus vidas esperando que se produzca este vínculo.
“Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper”, reza la creencia.
La historia original, y la más extendida entre la mitología china y japonesa, cuenta que hace cientos de años, un emperador se enteró de que en sus tierras vivía una bruja capaz de ver el hilo rojo del destino, así que ordeno que la trajeran ante él.
El emperador le exigió que buscara quién estaba al otro lado del hilo, con el fin de conocer a la que sería su esposa. La bruja accedió y comenzó a seguir el hilo hasta llegar a un mercado de la zona, donde encontraron a una pobre campesina con una niña muy pequeña en brazos.
Para sorpresa del emperador, la bruja le dijo que el hilo terminaba justo donde estaba esta mujer con la bebé, una respuesta que no gustó nada al poderoso soberano que no dudo en empujar a la campesina enfurecido por la respuesta de hechicera, y ordenar la decapitación de ésta última. Por desgracia, la acción del emperador provocó que la mujer perdiera el equilibrio y cayera al suelo, dañando a la pobre pequeña en la frente.
Pasado mucho tiempo, el emperador tuvo que desposarse, y como era habitual en aquellos tiempos, su futura mujer fue elegida a través de un matrimonio de conveniencia, que en este caso recayó en la hija de un poderoso general. Cuán fue el asombro del emperador al ver por primera vez el rostro de la que iba a ser su amada, la cual tenía una reconocible marca en la frente.

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